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Aprende a limpiar el polvo de casa

limpiar el polvo

Polvo eres y en polvo te convertirás, dice la Biblia en el Génesis. Una cita muy adecuada si nos atenemos a lo sencillo que es que los muebles de nuestras casas se llenen de polvo, incluso poco tiempo después de haberlos limpiado. Hay una serie de consejos sencillos que pueden ayudarte a evitar que el polvo se acumule y, asimismo, garantizar que tus muebles y superficies permanecen limpias durante más tiempo.

El polvo no es otra cosa que partículas sólidas de pequeño tamaño que se componen de tierra, detritus de la contaminación urbana, restos orgánicos… librarnos del polvo es muy importante, ya que cuando se acumula, puede ser causante de alergias y problemas respiratorios.

Un buen primer consejo que podemos darte es el de mantener tu casa perfectamente ventilada antes de ponerte a limpiar. Esto te ayudará a que las partículas de polvo se dispersen. Sobre muebles y superficies de madera y mármol, te recomendamos utilizar un trapo sencillo de algodón (absorbente y que no raya los muebles), humedecido en una solución de agua con glicerina o incluso trapos con propiedades antiestáticas, que se venden en algunos comercios. Basta con que añadas medio tapón de glicerina a un barreño pequeño de agua y comprobarás cómo retirar el polvo es mucho más fácil.

En los suelos, para eliminar la capa más superficial de polvo, lo más aconsejable es que uses la aspiradora, ya que la escoba o los cepillos lo único que hacen es mover el polvo de un lugar a otro y, además, pueden hacer que se suspenda en el aire, lo que afectará sin duda a las personas alérgicas.

Para llegar a los lugares más altos, lo mejor son los plumeros de algodón o tela antiestática de mango telescópico. Los clásicos de plumas lo único que consiguen, al igual que las escobas, es cambiar el polvo de lugar.

A efectos de ponerte manos a la obra, es necesario que empieces a limpiar el polvo de las superficies, muebles y estructuras más altas, bajando progresivamente hasta, por último, ponerte con el suelo. Si lo haces a la inversa, el polvo que retires de los puntos más altos, al final, terminará yendo a parar de nuevo al suelo, por lo que tu trabajo de aspirado y fregado habrá sido en balde.

En cuanto a la frecuencia, lo que te aconsejamos es que limpies el polvo de tu casa una vez, como mínimo, por semana, para que no se acumule en exceso.

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